

Cuando vivimos unidas en castidad, pobreza y obediencia, damos testimonio de una vida donde todas compartimos, con disponibilidad y entrega desinteresada, que solo es posible con la gracia de Dios.Las hermanas se respetan mutuamente y mantienen un amor profundo unas para las otras: sin juzgarse, siempre dispuestas a perdonarse, con toda humildad y cordura, apoyándose y mutuamente ayudándose a soportar sus cargas.